Fundación Imaginar

COCINANDO CINE

Entrevista Luis Carlos Flores – Director Fundación Imaginar.

Un paisa que prefiere el ajiaco a los frijoles. Sabe cocinar, según él, la cazuela de mariscos más rica del mundo y aprendió a hacer rondón, típico plato de San Andrés. Ha realizado estudios de documental, dirección y puesta en escena en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños y desde el 2014 promueve talleres de formación audiovisual a través de la Fundación Imaginar. Para él, lo importante es estar abierto al mundo cómo una esponja y aprender que no hay que ver a los demás como competencia sino como aliados.

Luis Carlos unió sus dos pasiones, la comida y el cine, en el Festival Audiovisual Gastronómico Ciudad de Medellín.

¿Qué hace la Fundación Imaginar?

Hacemos intervenciones para promover la lectura, la escritura, el cine y la apreciación del arte, a través de talleres que nosotros mismos hemos diseñado, en zonas periféricas y con situaciones complejas de Medellín. La idea es formar públicos a través de la cultura pues aunque estamos en el siglo XXI no todo el mundo tiene acceso al cine, a la lectura y a las artes en general.

¿Qué proyectos maneja la Fundación Imaginar?

Participamos en eventos de la ciudad de Medellín como Fiesta del Libro, Días del Libro y Cine sin boleta,  un evento gratuito que cada mes proyecta un ciclo de películas diferentes.

Tenemos también eventos propios como Cine a la Mesa:  Festival Internacional Audiovisual Gastronómico Ciudad de Medellín, un proyecto muy atractivo que mezcla el cine y la gastronomía. La programación incluye la proyección gratuita de documentales, películas de animación, largometrajes y cortos de ficción con temática gastronómica. Así mismo, exposiciones, conferencias, talleres culinarios y degustación de los platos vistos en la pantalla grande.

¿Por qué decidió crear la fundación?

Siempre trabajé diseñando productos audiovisuales e impresos para la Universidad de Antioquia. Allá conocí a John Fernando Henao quién me insistió en que creáramos una fundación. Juntos le metimos ganas y poco a poco se nos fue uniendo un grupo interdisciplinario de personas y de saberes. Todos tenemos un mismo objetivo: llevar cultura y formar públicos para que conozcan el mundo y para que a través de nuestros talleres se relacionen con él. Apuntamos a construir mejores relaciones entre los humanos.

¿Cuáles fueron los obstáculos que enfrentaste para sacar la Fundación adelante?

Hay dos obstáculos fundamentales. Uno sería la parte de constitución. Crear una fundación o cualquier iniciativa necesita miles de requisitos para constituirse legalmente. Es un proceso que demora 15 días pero que a nosotros nos costó 3 meses.

El segundo es la parte económica.  Aunque somos un grupo de personas apasionadas por entregar nuestros saberes a los demás, conseguir los recursos económicos para realizar lo que queremos es bastante difícil. Al principio hacíamos actividades para recoger dinero, bazares en los que nosotros mismos éramos los compradores y así. Ahora, todas las iniciativas las realizamos con donaciones de empresas privadas y de la administración municipal y bajo la modalidad de canjes publicitarios o de trabajo compartido. Hay que moverse mucho y estar atentos a todas las convocatorias que el Estado y las empresas privadas ofrezcan  y “a por ellas”.

¿Cómo se puede ayudar a la Fundación Imaginar?

Cuando la gente escucha la palabra “donación” la gente siempre piensa en dinero. Lo que no se contempla dentro de esta palabra son los saberes. Hay gente que sabe mucho y que puede donar su saber. Nosotros ofrecemos lo que sabemos hacer a cambio de patrocinio.

Los interesados nos pueden ayudar donando artículos en excelente estado tanto para las actividades de campo como para la dotación de la sede de la Fundación Imaginar. No queremos que nos donen lo que no sirve sino lo que realmente podemos aprovechar.

¿Cómo ves la fundación en el futuro?

A futuro veo una entidad que pueda ir a cualquier barrio de la ciudad, municipio y zonas rurales de Medellín y que pueda ofrecer talleres internacionales permanentemente.

¿Cómo es un día de tu vida?

Me acuesto bastante tarde trabajando y mandando correos. Mi día termina a las 3:30  de la madrugada e inicia a las 6:00 de la mañana. Tengo compromisos desde temprano para dar cursos y talleres y cuando no, voy a la fundación, pienso en proyectos, convocatorias y demás. Siempre estoy pensando en qué más puedo hacer. También me dedico a crear, me encanta la pintura.

¿Qué libro te ha influenciado?

El Último Encuentro de Sándor Marai y Qué leen los que no leen de Juan Domingo Arguelle.

¿Viajar por dónde?

Viajar por toda Colombia e ir grabándola. De Colombia me encanta recomendar San Andrés, pero la que no te ofrecen en  los planes turísticos. Los amaneceres en el Cabo de la Vela y en general los pueblos de La Guajira son de mis lugares preferidos.

¿Qué características crees que debe tener una persona que quiera emprender cualquier iniciativa?

Pasión, hay que tener pasión por lo que se hace y por lo que se siente. La gente con pasión hace la diferencia.

¿Ayudar a cambiar el mundo, para qué?

Un día estaba dando un taller de formación en un colegio y me dijeron que X joven era un alumno problema, me preguntaron que si quería podía sacarlo del taller pero yo les respondí justamente lo contrario “el taller es para personas como él”. El alumno terminó siendo director del cineclub de la institución y montó un grupo de rap. Con eso para mí fue suficiente.

Quiero ayudar cambiar el mundo así sea de a uno.  Esa es mi misión.

 

 

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